25 de Septiembre del 2026, 17:55 hs.
Homilía de monseñor José Adolfo Larregain en la celebración eucarística de la fiesta de Nuestra Señora de la Merced.

«Celebramos con alegría y gratitud a la Virgen de la Merced, Patrona de nuestra ciudad de Corrientes. Nos reunimos como pueblo que mira a María, la Madre de Jesús y nuestra Madre, para poner bajo su protección nuestras familias, nuestros barrios, nuestras preocupaciones y esperanzas. En ella reconocemos también a aquella mujer que, con su presencia maternal, nos recuerda que Dios nunca permanece indiferente ante el sufrimiento de sus hijos.
Las lecturas de esta celebración nos presentan a María como mujer de fe, esperanza y libertad. En el Magníficat, María proclama que Dios “derriba a los poderosos de sus tronos y eleva a los humildes; colma de bienes a los hambrientos”. Es un hermoso canto de alabanza y también el anuncio que Dios escucha el clamor de los pequeños y actúa en la historia para abrir caminos de vida y dignidad.
La Virgen de la Merced nos conduce así al corazón mismo del Evangelio: Jesús viene a liberarnos. Su salvación alcanza al ser humano en todas sus dimensiones. Por eso, cuando contemplamos a María al pie de la cruz, escuchamos nuevamente aquellas palabras de Jesús: “Aquí tienes a tu madre”. María permanece junto a quienes sufren, a los que esperan, a quienes necesitan recuperar la libertad y la dignidad que les han sido arrebatadas.
Hoy existen nuevas formas de esclavitud. Algunas son visibles; otras permanecen ocultas. La pobreza que priva de oportunidades, la explotación laboral, las adicciones que destruyen vidas y vínculos, la violencia en sus diversas expresiones, el abuso, la soledad, la exclusión y tantas situaciones que terminan sometiendo a las personas y quitándoles la posibilidad de vivir con dignidad. También existen esclavitudes interiores: el resentimiento, el individualismo, la indiferencia, la desesperanza, el afán desmedido de poder o de tener.
Frente a estas realidades, la Virgen de la Merced nos invita a no acostumbrarnos al dolor de los demás. Su presencia maternal nos mueve a mirar, acompañar y comprometernos. La verdadera devoción a María no puede encerrarnos en nosotros mismos; nos lleva a reconocer en cada persona a un hermano cuya dignidad debe ser respetada y cuidada.
El lema de esta novena ilumina profundamente nuestra celebración: “Jesús hace nuevas todas las cosas”. Él puede renovar aquello que parece perdido, restaurar vínculos quebrados, abrir caminos donde solamente vemos obstáculos y devolver esperanza allí donde se ha instalado el desaliento. Esta novedad necesita de nuestras manos, cercanía y compromiso cotidiano.
Que María de la Merced, Patrona de Corrientes, nos enseñe a permanecer cerca de quienes sufren y a trabajar por una sociedad más fraterna, donde nadie sea tratado como objeto ni quede abandonado a su suerte.
Querida Virgen de la Merced: acompaña a nuestra ciudad, protege a nuestras familias, consuela a quienes padecen y fortalece a quienes trabajan por la libertad y la dignidad de toda persona. Enséñanos a confiar en Dios como tú lo hiciste y a decir, también nosotros, que el Señor sigue haciendo nuevas todas las cosas y renueve nuestros corazones».

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