Si Estados Unidos reduce un dólar sus compras a China, nueve céntimos de esa cantidad terminan redirigidos hacia el mercado europeo, a precios más bajos que presionan a los fabricantes locales. Ese es el hallazgo central de un estudio del Banco de España que analiza la primera guerra comercial entre Washington y Pekín (2018 y 2019), durante el primer mandato de Donald Trump. En 2025 se repitió la escalada arancelaria, y Bruselas lleva año y medio haciéndose la misma pregunta: cuando Estados Unidos cierra la puerta a las exportaciones chinas, ¿esos productos terminan en los puertos europeos?
El trabajo, firmado por los economistas Irina Balteanu, Maximiliano Moreno y Francesca Viani, busca responder esta cuestión. La lógica es simple. Una fábrica china que vendía televisores, piezas industriales o maquinaria a Estados Unidos y de pronto enfrenta un arancel del 40% busca dónde colocar esa misma mercancía. La Unión Europea, uno de los mercados con mayor exposición comercial a China, se convirtió en uno de los principales focos de atención para la Comisión Europea, que ya vigila posibles señales de desvío de mercancía.
Para medir este efecto con precisión, los autores decidieron analizar la guerra comercial de 2018-2019, en lugar de la más reciente. Según explican, el episodio actual resulta demasiado confuso para distinguir con claridad qué provocaron los aranceles y qué se debió a otras causas. Por un lado, muchas empresas chinas, anticipándose a los nuevos aranceles, adelantaron sus envíos a Estados Unidos antes de que estos entraran en vigor.
Por otro, en mayo de 2025 Washington y Pekín alcanzaron un acuerdo que redujo de forma repentina buena parte de las subidas aplicadas semanas antes, lo que generó un vaivén difícil de interpretar. A esto se suma que los aranceles de 2025 se aplicaron de forma generalizada a casi todos los productos chinos, lo que impide comparar categorías con distinto nivel de gravamen. El episodio de 2018, en cambio, permite un análisis más fiable, ya que entonces los aranceles variaron mucho según el producto, lo que facilita diferenciar el efecto real de los aranceles del resto de factores que también influyen en el comercio.
El resultado muestra que la desviación comercial existió, pero fue acotada: en promedio, las importaciones europeas desde China crecieron un 4,5% en los productos afectados por los aranceles estadounidenses, con un impacto moderado sobre los precios, una caída inferior al 2% en promedio.
No todos los productos se mueven igual
El efecto más fuerte apareció en dos tipos de productos muy concretos. El primero son los equipos tecnológicos sofisticados, como aparatos de telecomunicaciones o instrumentos ópticos, que sí encontraron compradores en Europa. El segundo son los componentes industriales básicos, esas piezas genéricas que se usan como materia prima en fábricas de todo tipo, que también llegaron con facilidad al mercado europeo.
En cambio, los productos de consumo, es decir, los artículos que compra directamente el público, como ropa, electrodomésticos o juguetes, no se desviaron hacia Europa, a pesar de que concentraron casi la mitad de los aranceles aplicados por Estados Unidos. Las compras estadounidenses de este tipo de productos cayeron más de un 35%, pero según los investigadores, esa mercancía tomó otro camino: se vendió en otros mercados o llegó igualmente a Estados Unidos a través de países como Vietnam o México, que actuaron como intermediarios.
La presión de precios se concentra abajo
El segundo hallazgo del estudio toca directamente a consumidores y pequeños fabricantes europeos. En esos mismos sectores, equipos tecnológicos y componentes industriales, donde sí hubo desviación comercial, los exportadores chinos bajaron precios de forma significativa para abrirse paso en el mercado europeo. Esa presión no se repartió de manera uniforme: se concentró en los segmentos más baratos, justo donde compiten las empresas con menor margen para absorber una guerra de precios.
El estudio también detectó que, cuando China ya tenía una posición dominante a nivel mundial en un producto determinado, necesitó bajar menos los precios para ganar terreno en Europa. Dicho de otro modo, cuanto más fuerte es la posición de un proveedor chino en el mundo, menos esfuerzo de precio necesita para desplazar a la competencia local.
Qué pasa ahora con los aranceles de 2025
Los autores advierten que una repetición de este patrón, pero con aranceles del tamaño de los aplicados en 2025, que llegaron a superar el 40% sobre los productos chinos, “podría contribuir a un segundo shock de China en Europa”, aunque matizan que el efecto agregado sería moderado y mucho más intenso en sectores puntuales.
Esta no es una preocupación solo académica. La Comisión Europea ya puso en marcha un Import Surveillance Task Force para monitorear la llegada de productos chinos, y de acuerdo con declaraciones recogidas por el diario South China Morning Post, el organismo detectó en 2026 señales preocupantes en casi una cuarta parte de todas las importaciones que llegan a territorio europeo, con 902 categorías de productos donde las compras suben con rapidez mientras los precios bajan. Maquinaria, textiles, metales básicos y productos químicos encabezan la lista de sectores bajo vigilancia.
Bruselas evalúa además nuevas herramientas, entre ellas un mecanismo para subir aranceles de forma automática cuando las importaciones desde un proveedor dominante como China superen ciertos umbrales en sectores considerados clave, y un paquete de diversificación de proveedores previsto para diciembre.












