Europa atraviesa una crisis de expectativas, representación y autonomía, en la que el malestar juvenil, las dificultades para acceder a una vivienda y la incertidumbre económica conviven con una vulnerabilidad estratégica que obliga a revisar las bases de su integración. La pregunta es cómo transformar ese descontento en renovación democrática, evitando que la frustración alimente salidas autoritarias. Mayo del 68, los indignados españoles y la experiencia serbia ofrecen distintas respuestas a ese desafío.










