Catalina Guerrero
París, 7 oct (EFE).- Casi nueve décadas después de ser confiscado durante la ocupación alemana de Francia, un violín fabricado en 1905 por la casa Caressa & Français volverá a sonar este miércoles en París en una ceremonia de restitución a los descendientes de su propietario, gracias a la investigadora Pascale Bernheim y su larga búsqueda de instrumentos saqueados por los nazis.
«Y así, este miércoles, va a resucitar», dice a EFE Bernheim, la experta que durante años le ha seguido el rastro. Para ella, la restitución no significa únicamente recuperar un objeto expoliado, sino devolverle también su pasado.
El violín, identificado con el número de serie 152, había sido entregado como premio del Conservatorio al joven violinista Eugène Choubry, que murió en el frente en 1917, con 21 años.
Posteriormente lo atesoró su hermana, casada con Eugène Gabriel Girondelot, notario en Vitry-le-François y coleccionista de instrumentos, quien lo escondió en un castillo cerca de Reims para protegerlo de los nazis. Pero las tropas alemanas lo ocuparon en 1940 y se apoderaron del violín. «Se lo llevaban todo», subraya la investigadora.
El instrumento reapareció décadas después, cuando un anticuario lo llevó a una casa de subastas y el subastador comprobó que figuraba en un registro de bienes expoliados y detuvo la operación.
«Me dijo: ‘¿Qué hago con este instrumento que está sobre mi escritorio? No quiero conservarlo toda la vida'», recuerda Bernheim.
La asociación ‘Musique et spoliations’ (Música y expolios), que Bernheim fundó en 2017, comenzó entonces a reconstruir la historia del violín. Durante dos años, con sus colaboradores, recurrió a los archivos de Caressa & Français conservados en el Museo de la Música de París y a genealogistas.
«Todos los violines se parecen», explica Bernheim, «muchas veces un violín solo existe como tal porque un experto lo ha autenticado». En este caso, recuerda, «el número de serie fue muy valioso para nosotros».
La investigación permitió identificar a seis descendientes, algunos de los cuales ni siquiera se conocían entre sí, por lo que «el descubrimiento de este instrumento y de este antepasado común acercó a personas», cuenta Bernheim.
El violín fue restaurado gracias a la colaboración de la casa del famoso luthier parisino Vatelot. La violinista Sarah Dayan lo tuvo entre las manos por primera vez pocos días antes de la restitución y Bernheim estuvo presente cuando comenzó a tocarlo.
«Es exactamente como cuando abres una botella de un vino muy bueno y te dicen que hay que abrirla con antelación para que el vino se desarrolle», explica. «Con el sonido de un instrumento -explica- ocurre exactamente lo mismo: hay que hacerlo sonar, hacerlo vibrar, y entonces se abre».
Hija de un anticuario y una escultora, Bernheim comenzó a investigar estos instrumentos después de trabajar en el ámbito del arte y descubrir, al estudiar colecciones de obras expoliadas, que junto a los cuadros aparecían con frecuencia instrumentos musicales.
«Cuando vi aquello pensé: ‘Yo no sabía nada de esto. Es extraordinario. ¿Quién los está buscando?’. Y me dijeron: ‘Nadie, porque en realidad no le interesa a nadie», evoca.
Desde entonces, ‘Musique et spoliations’ ha investigado pianos, violines, violonchelos, clarinetes y partituras. La asociación trabaja con archivos de fabricantes, museos, casas de subastas y genealogistas.
El caso del Caressa & Français fue especialmente rápido de resolver gracias al número de serie y a los archivos que permitieron identificarlo sin dudas, por eso Bernheim lo considera «casi un caso de manual».
Los seis herederos han decidido poner el violín a la venta en una subasta prevista para el 3 de diciembre. El importe se repartirá entre ellos y el anticuario que llevó el instrumento a la casa de subastas, quien, según la investigación, desconocía su procedencia.
Para Bernheim, el objetivo va más allá de encontrar instrumentos desaparecidos. Cada vez que el trabajo de la asociación aparece en los medios, recibe nuevas pistas. Una de ellas le acaba de llegar esta semana y se refiere a un violín que un judío entregó a otra persona antes de ser detenido, pidiéndole que lo conservara y se lo devolviera si regresaba. Nunca volvió.
Décadas después, la nieta del hombre que conservó el instrumento ha contactado con Bernheim: «Quisiera que este instrumento fuera tocado y que su historia no fuera olvidada», le dijo.
«Que el instrumento, si tiene que revivir, reviva con su historia», resume Bernheim como su misión, al tiempo que deja en el aire una línea de investigación «enorme»: instrumentos que pudieron viajar del resto de Europa a España, Portugal o América Latina a través de las rutas de huida durante y después de la Segunda Guerra Mundial, tanto de judíos como de nazis. Algún violín pudo servir, dice, para pagar un pasaje. EFE
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