Burbujas ha desarrollado una técnica de caza nunca antes documentada en su especie. El hallazgo, registrado durante cuatro años frente a la isla Lady Elliot, en el sur de la Gran Barrera de Coral de Australia, ofrece una de las pruebas más sólidas de cleptoparasitismo, el robo de alimento a otro animal, observadas en un cetáceo. Concretamente, Bubbles o Burbujas persigue a los peces hasta que vomitan para después comer su contenido estomacal regurgitado. Una técnica algo engorrosa pero efectiva y se ahorra digerir la comida.
Entre 2021 y 2025, investigadores de la Universidad de Sunshine Coast documentaron 20 episodios en los que Bubbles intentó esta táctica sobre ejemplares de jurel de ojos grandes. En 11 de esas ocasiones logró su objetivo. El delfín, identificado por una aleta dorsal con muescas y una cicatriz en su costado derecho, es reconocido en la zona desde 2017 y suele actuar en solitario, incluso cuando otros ejemplares de su especie se encuentran cerca.
Cómo Bubbles selecciona y acorrala a su presa: una técnica que desconcierta a los expertos
Los resultados fueron publicados el 13 de septiembre en la revista Ecology and Evolution y constituyen, según los autores, uno de los primeros registros bien documentados de robo de alimento entre cetáceos. Asia Armstrong, científica marina de la Universidad de Sunshine Coast y coautora del estudio, explicó que la ecolocalización permite a los delfines distinguir pequeñas diferencias en la forma, el tamaño y la estructura de sus objetivos, lo que posiblemente utiliza Bubbles para decidir a qué pez atacar.
Romney Edwards-Francis, candidata a doctorado en la misma universidad y autora principal del trabajo, planteó que el vómito del jurel podría funcionar como un recurso alimenticio accesible en los días en que Bubbles no logra cazar con éxito, dado que el cardumen de jureles suele encontrarse de forma constante en la misma zona.
Jason Bruck, especialista en comportamiento de delfines de la Universidad Estatal Stephen F. Austin que no participó en la investigación, consideró que repetir el comportamiento de forma sistemática constituye una prueba convincente de que se trata de algo más que alimentación oportunista. No obstante, advirtió sobre los límites de atribuirle intencionalidad al animal, ya que todavía no es posible afirmar que el delfín persigue al pez con la expectativa específica de que este regurgite.
El procedimiento sigue un patrón constante. Bubbles se aproxima a un cardumen de jureles y mueve la cabeza de lado a lado mientras emite clics de ecolocalización, en una suerte de barrido que le permite escanear a los integrantes del grupo. Una vez que identifica a un pez que parece haberse alimentado recientemente, lo aísla del resto y lo persigue de cerca hasta agotarlo.
La persecución se prolonga hasta que el pez, presumiblemente a causa del estrés, vomita el contenido de su estómago. En ese instante, Bubbles se acerca y consume el material regurgitado mientras su víctima se aleja nadando. En una sola sesión de 30 minutos, el delfín llegó a repetir esta secuencia hasta 10 veces.
Durante la cacería, Bubbles emite vocalizaciones de tono bajo que duran entre un tercio de segundo y dos segundos, además de los clics de ecolocalización. Según los investigadores, estos sonidos podrían cumplir dos funciones distintas, estresar al pez para inducir el vómito y ayudar al delfín a distinguir cuáles ejemplares tienen el estómago más lleno antes de iniciar la persecución. Esta hipótesis se basa en una única grabación de audio y aún no fue confirmada.












