Madrid, 25 oct (EFE).- La tecnología y la concienciación son, según especialistas consultados por EFE, los dos factores clave para afrontar futuras inundaciones en España y evitar así otras catástrofes como la dana que ahora hace dos años causó al menos 241 muertos, más de 2.600 heridos y elevados daños materiales.
Hoy «la situación es mejor que cuando se produjo aquella dana», ha asegurado la directora de desarrollo de producto de la compañía tecnológica alicantina CYPE, Amaya Gómez, como «lo han demostrado las medidas de prevención tomadas con la dana Adam hace unos días, que han funcionado muy bien».
Una de ellas ha sido el confinamiento de numerosas poblaciones: «la gente es más consciente de que durante estos episodios no puede realizar su vida normal ni salir a la calle» y esta concienciación «es fundamental para salvar vidas».
En cuanto a la tecnología, técnicos como los de la plataforma de ‘software’ Xylem Vue que elaboraron el informe ‘Tendencias en tecnología del agua 2026’ piden, entre otras cosas, la integración «con urgencia» de los Sistemas de Alerta Temprana (SAT) como sistemas operativos en gestión del agua vinculados automáticamente con la activación de planes de emergencia, protocolos municipales y decisiones interadministrativas.
Las inundaciones, explican, «no causan graves daños por falta de datos, sino por falta de tiempo útil para decidir y actuar» aunque sean el «desastre natural más común», como señala igualmente un documento de la Organización Meteorológica Mundial, según el cual poder avisar con al menos 24 horas de antelación reduce su impacto en aproximadamente un 30 %.
En ese sentido, cobra importancia el concepto de ‘ciudad esponja’, que defiende gestionar la lluvia intensa con soluciones basadas en la naturaleza, sin canalizarla de inmediato hacia un alcantarillado que, por momentos, no puede absorber tanta cantidad de agua.
Gómez pone el ejemplo de la graves inundaciones de 1997 en Alicante, a partir de las cuales se diseñó un plan antirriadas que ha evitado daños tan terribles como los sufridos en aquel momento con diversas medidas.
La primera de ellas es evitar construir en zonas inundables pero «puesto que muchas veces las construcciones ya están allí, lo importante es mejorar los sistemas de drenaje» creando nuevos colectores y encauzando barrancos, así como desarrollando el modelo de parque inundable como el de La Marjal.
«Normalmente este parque es una zona de ocio pero en períodos de lluvia intensa funciona como una especie de depósito al que llega todo el agua de la zona», que queda retenida hasta que la red de drenaje deja de estar saturada y es capaz de absorberla.
Las organizaciones ecologistas también insisten en el refuerzo de la educación, sensibilización y formación de los ciudadanos frente a este riesgo pues, como advierten fuentes de SEO/BirdLife, «todo apunta a que estos episodios extremos serán cada vez más frecuentes».
Esta ONG propone actualizar la cartografía de zonas inundables incluyendo los escenarios de cambio climático y la información más reciente sobre episodios extremos, revisar la ordenación del territorio impidiendo nuevas construcciones en zonas inundables y recuperar el territorio fluvial con sus ecosistemas asociados.
Asimismo, revisar y adaptar las infraestructuras, dar prioridad a las soluciones basadas en la naturaleza y reforzar la coordinación, la prevención y la preparación ante emergencias.
El último informe sobre inundaciones presentado por el Observatorio de Sostenibilidad hace unos meses registraba 10.197 puntos, instalaciones o infraestructuras localizadas en el interior de la lámina de inundación con recurrencia de 500 años y advertía de que el 71 % de dichas instalaciones se encuentra en situación «muy grave» de peligro, con Cataluña, Galicia y País Vasco como comunidades más amenazadas.
Igualmente apostaba por el establecimiento de SAT con «protocolos claros y estrictos», la creación de una etiqueta de calificación de edificaciones e infraestructuras críticas frente al riesgo de inundaciones, el retranqueo o alejamiento de la superficie urbanizada en las zonas de riesgo más elevado y la paralización de nuevas construcciones en estas zonas, entre otras medida.
Finalmente, la entidad recordaba que este fenómeno meteorológico extremo, unido a la falta de planificación, «se ha convertido en el mayor riesgo asociado al cambio climático en España». EFE
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