El alpinista italiano Reinhold Messner, de 82 años, primer hombre en escalar los 14 picos de más de 8.000 metros del planeta sin oxígeno suplementario, cuestionó el modelo de visitas de un día a los Dolomitas, el macizo montañoso del norte de Italia declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. “Llegan en coche, sacan una foto y se van. A menudo no comen en restaurantes, no se quedan a pasar la noche ni hacen excursiones. Ni siquiera repostan aquí. Debemos proteger el paisaje”, declaró en una entrevista con el Corriere della Sera recogida por el periódico ilfattoquotidiano.
Conocido como el “rey de los ochomiles” por haber sido el primero en coronar las 14 montañas más altas del mundo, Messner puso como ejemplo el Valle de Funes, una zona que conoce bien y a la que describió como representativa del fenómeno. Según explicó, estos visitantes dejan escaso beneficio económico a las comunidades locales. “Desde el punto de vista económico, traen poco o nada. Ni siquiera paran a repostar, dejan tras de sí solo tráfico y contaminación”, afirmó.
Los influencers, en el centro de la crítica
El montañista responsabilizó en parte a los creadores de contenido digital del incremento de visitantes concentrados en puntos específicos, es decir, el turismo masivo. “Llegan a algún sitio, se hacen una foto y se van”, resumió sobre el comportamiento que atribuye a este sector. Messner advirtió además que el problema trasciende la voluntad individual de los creadores: municipios del Trentino, región donde se ubica buena parte de los Dolomitas, comenzaron a promocionarse a través de estas figuras, mientras operadores turísticos les pagan para atraer más visitantes.
El flujo de turistas alcanza picos de hasta 13.000 personas en un solo día en puntos como las Tres Cimas de Lavaredo, según datos difundidos este año. Un estudio de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia y la fundación Dolomiti Unesco, basado en información de 2018, había recomendado un límite de entre 2.700 y 3.000 visitantes diarios para preservar el equilibrio de un parque natural.
Un sistema de reservas para evitar masificación
Frente a ese escenario, Messner propuso un mecanismo de reservas por franjas horarias, similar al que ya rige en algunos destinos naturales de Estados Unidos. La idea consiste en habilitar el acceso a un grupo montañoso determinado durante un período fijo, de dos días, por ejemplo, a un costo reducido. Una vez cubierto el cupo para una zona como las Pale di San Martino en determinadas fechas, no se aceptarían nuevas solicitudes para ese período, aunque se ofrecerían fechas posteriores o áreas alternativas con disponibilidad.
“Necesitamos encontrar el número adecuado de turistas para cada lugar, evitar la aglomeración de visitantes en los mismos puntos al mismo tiempo. Necesitamos distribuir a quienes aman los Dolomitas por toda la región”, explicó. El montañista señaló en particular la zona dolomítica de Belluno como un área con menor desarrollo turístico que podría absorber parte de la demanda concentrada hoy en el Trentino-Alto Adigio.
“Debemos ser capaces de crear actividades económicas compatibles con este territorio y garantizar su continuidad dentro de cien años o más. Para lograrlo, debemos proteger el paisaje, porque es el valor que vendemos”, sostuvo el alpinista, quien comparó la relevancia del paisaje alpino para la economía regional con la que tiene el petróleo para los Emiratos Árabes Unidos.
La preocupación se extiende al Everest
Messner amplió su diagnóstico más allá de los Alpes italianos al referirse al Everest, la montaña más alta del mundo. “La gran montaña, el Everest, se ha convertido en una mercancía, algo que se puede comprar”, afirmó. El alpinista contrastó esa situación con el auge de la escalada en paredes artificiales, una práctica que calificó como un deporte en sí mismo, pero diferente del montañismo tradicional. “El alpinismo, en mi opinión, está muriendo. Con todas estas personas famosas en las redes sociales, la forma en que nos acercamos a las montañas está cambiando”, concluyó.








