Hay presidentes que pasan a la historia por sus obras. Otros, por sus discursos. Y algunos parecen empeñados en pasar a la historia por la cantidad de gente que quieren mandar al infierno.
Hay presidentes que pasan a la historia por sus obras. Otros, por sus discursos. Y algunos parecen empeñados en pasar a la historia por la cantidad de gente que quieren mandar al infierno.