Antes de convertirse en una de las estrellas más rutilantes de Hollywood, este actor tuvo que atravesar años de incertidumbre, trabajos ocasionales y audiciones sin éxito. A los 25 años, cuando intentaba abrirse camino en la industria aceptó participar en un programa de citas para ganar 250 dólares. Frente a las cámaras, prometió una noche de “total fabulosidad”, pero no consiguió conquistar a la mujer que debía elegirlo. La escena, recuperada años después en redes, se convirtió en una increíble anécdota.
El actor nació el 10 de marzo de 1971 en San Luis, Misuri, Estados Unidos. Su infancia estuvo marcada por el divorcio prematuro de sus padres cuando él tenía apenas dos años. Su padre dirigía una pequeña compañía de camiones y su madre trabajaba como secretaria. Durante los primeros años vivió con ella, hasta que una enfermedad cambió su vida para siempre.
Tenía diez años cuando su madre murió de cáncer abdominal. Después de esa pérdida se fue a vivir con su padre, con quien permaneció hasta que, una década más tarde, volvió a enfrentarse a la muerte de uno de sus progenitores. La orfandad marcó una etapa decisiva de su juventud.
Su acercamiento a la actuación había comenzado desde muy pequeño. En primer grado, subió al escenario como Winnie-the-Pooh. A los 16 años participó en una puesta de Godspell, el musical basado en el Evangelio de Mateo, en el que interpretó a Judas. La experiencia le gustó, pero no se tomó demasiado en serio la posibilidad de dedicarse a la actuación. Mientras tanto, en la escuela John Burroughs, en Misuri, repartía su tiempo entre las clases y los equipos de fútbol, béisbol y natación.
Se graduó en 1989 y comenzó a estudiar en la Universidad de Texas. Sin embargo, la muerte de su padre lo llevó de regreso a Misuri, donde continuó su formación en la universidad estatal. Allí volvió a encontrar un lugar en el teatro: participó en una versión de Sueño de una noche de verano y luego en el musical Assassins. En 1993 se licenció en Arte.
Su primer trabajo después de graduarse tuvo algo de regreso a casa. Volvió a la escuela donde había estudiado, pero esta vez para enseñar actuación a alumnos de octavo grado. Pero el aula no era el destino que imaginaba para sí mismo. En 1995 se mudó a Los Ángeles, dispuesto a probar suerte como actor. Tenía 24 años y compartía vivienda con otros cuatro aspirantes a conseguir un lugar en la industria del entretenimiento. Para mantenerse trabajaba como camarero mientras se presentaba a audiciones y esperaba que surgiera una oportunidad.
Los años pasaban y su carrera no despegaba. Llegó a quedarse sin representante después de tres años sin conseguir un papel y continuó trabajando como camarero. También tuvo una breve experiencia como diseñador de escenarios para una película de porno softcore.
En medio de esa etapa de incertidumbre, en 1996, apareció una oportunidad poco convencional para sumar dinero a sus ingresos. Una ex novia que trabajaba como directora de casting de un programa de citas le contó que podía cobrar 250 dólares por participar en un episodio. Aceptó.
Así llegó a The Big Date, un programa en el que tres hombres competían por la atención de una mujer soltera. El presentador, Mark L. Walberg, explicaba que los participantes estaban allí para intentar conquistar a alguien del sexo opuesto. El concursante que aparecía frente a las cámaras era un joven de 25 años que trabajaba como camarero y llevaba el pelo largo, peinado con un corte tipo taza que dejaba ver una imagen muy distinta de la que años después lo haría famoso.
La mujer a la que debía conquistar se llamaba Mary Carter, también de 25 años. Se presentaba como actriz y estudiante de animación por computadora, y tenía muy claro qué buscaba en una cita: un hombre “sexy y atractivo” que supiera dar buenos masajes de pies. Durante la conversación con el conductor, incluso confesó que tenía un fetiche con los pies y que estaba cansada de los juegos amorosos.
Los otros dos candidatos tenían sus propias estrategias. Marc, especialista de escenas de riesgo, intentó llamar la atención de Mary al contarle que después de una cita podía llevarla a su casa y mostrarle su flexibilidad. El tercer participante, Marcus, era estudiante de finanzas y apostó por una actitud más efusiva, con un comentario sobre apretarla como a un pequeño oso de peluche.
El joven camarero optó por una propuesta que parecía ajustarse a la perfección a los gustos de Mary. Cuando llegó su turno, describió el encuentro que le ofrecería si ella lo elegía: “Empezaría con una comida fabulosa”, explicó. Después habría “una pequeña conversación fabulosa” y, para completar la velada, “un fabuloso masaje de pies para una noche de total fabulosidad”.
La repetición de la palabra “fabulosa” no pasó inadvertida. Con una sonrisa tímida, parecía haber encontrado la fórmula para responder a lo que la participante había pedido. Si el masaje de pies era el camino para conquistarla, él estaba dispuesto a ofrecerlo.
Pero el desenlace no fue el que esperaba. Mary eligió a Marc, el especialista de escenas de riesgo, quien, según las crónicas que recuperaron el episodio, le había dado la mano al conocerla. El joven camarero quedó fuera del juego. La promesa de una noche de “total fabulosidad” no fue considerada.
La escena permaneció durante años como una curiosidad televisiva de los noventa. En 2014, cuando el video volvió a circular por internet, la imagen del aspirante a actor con su corte de pelo y su propuesta de masaje de pies provocó una oleada de comentarios.
La propia Mary Carter, que con el tiempo se enteró de quién había sido el hombre al que había rechazado cuando un productor de TMZ le hizo llegar el video. En declaraciones a la prensa, contó que ni siquiera recordaba haber tenido al futuro actor delante de las cámaras. No seguía la serie que lo había vuelto famoso y no tenía intención de empezar a verla por aquella coincidencia.
Tampoco se arrepentía de su decisión. Después del programa había salido con Marc y ambos se habían hecho amigos, aunque el viaje a Jamaica que habían ganado no llegó a concretarse. Más tarde conoció a Justin Sandler, músico con quien se casó y con quien dirigía un estudio de fotografía en Los Ángeles. “No cambiaría a mi esposo”, dijo riéndose cuando le preguntaron por la oportunidad que había dejado pasar.
El actor, por su parte, tampoco ocultó aquella participación. En una entrevista con Entertainment Tonight, en junio de 2018, recordó que había aceptado participar porque le habían dicho que podía ganar 250 dólares. En una oportunidad le contó a Conan O´Brien las dificultades de sus comienzos como actor. La vez que la ciudad de Los Ángeles que le confiscó el auto por acumular demasiadas multas de estacionamiento si pagar. “Iba en autobús y, cuando llegaba cerca de donde necesitaba ir, me desplazaba en rollers”, dijo y agregó: “No hay peor imagen en el mundo que la de un tipo patinando por Highland Avenue rumbo a una audición para intentar vender jabón (…) Llegar rodando, sudado y apestoso, con los patines puestos: ‘Estoy aquí”’, recordó.
Todavía tuvo que esperar varios años para que llegara el papel que cambiaría su carrera. En 2000 consiguió un personaje de bombero en la serie Providence y debutó en el cine con Cowboys del espacio, dirigida por Clint Eastwood, en la que apenas pronunció una frase. Después sumó participaciones en películas y series, aunque el reconocimiento masivo todavía estaba lejos.
En 2007, su suerte empezó a cambiar cuando fue elegido entre más de 80 aspirantes para protagonizar una nueva serie de AMC. Curiosamente, ni siquiera esa oportunidad estuvo asegurada desde el principio: el director Alan Taylor y el creador Matthew Weiner dudaron de que fuera sexy para interpretar al personaje principal.
La serie en la que se puso en la piel de un publicista neoyorquino se convirtió en un éxito arrollador y ganó dos Globos de Oro al mejor actor en una serie dramática, en 2008 y 2016, además de un premio Emmy en 2015.
Respuesta: el joven de la foto es Jon Hamm, el protagonista de Mad Men.









