El consumo frecuente de cannabis entre adultos que viven con hijos menores se ha convertido en un tema de salud pública en Estados Unidos. Una investigación publicada en Addictive Behaviors examinó cómo evolucionó esta práctica durante más de una década y comparó sus tendencias con las de adultos que no conviven con menores.
El análisis se centró en la frecuencia de uso, las diferencias entre grupos demográficos y la presencia de trastornos relacionados con el consumo de cannabis. Los resultados permiten observar cambios en los hábitos de los padres, aunque no determinan por sí mismos cómo estas conductas influyen en la dinámica familiar o en el desarrollo infantil.
Los investigadores señalaron que todavía hacen falta estudios para comprender el contexto en el que se consume la sustancia, las posibles situaciones de exposición de los menores y la relación entre estos factores y la crianza.
El consumo diario de cannabis entre padres pasó de 1,3% a 5,2%
La investigación analizó las tendencias entre 2012 y 2024 entre adultos que vivían con al menos un hijo menor de 18 años. En ese período, la proporción que declaró consumir cannabis todos los días aumentó de 1,3% a 5,2%.
El resultado de 2024 equivale a aproximadamente uno de cada 19 padres convivientes, frente a uno de cada 80 al comienzo del período. Aunque el cambio fue pronunciado, los porcentajes corresponden a un incremento de cuatro veces respecto del nivel de 2012.
La evolución también se observó entre quienes consumieron cannabis durante la mayoría de los días del último mes. Esta categoría, que comprende al menos 16 de los 30 días anteriores a la encuesta, pasó de 2,6% en 2012 a 8% en 2024, más del triple del valor inicial.
Los autores compararon estas tendencias con las de adultos que no vivían con hijos menores. El aumento del consumo diario fue prácticamente igual en ambos grupos, aunque los padres mantuvieron una prevalencia inferior durante el período estudiado.
Cuántos niños viven con padres que consumen cannabis con frecuencia
Los investigadores estimaron que al menos 5,9 millones de niños en Estados Unidos vivían en 2024 con un padre que consumía cannabis durante la mayoría de los días.
La cifra se obtuvo mediante cálculos basados en la prevalencia informada en la encuesta y las estimaciones de población. No corresponde a un recuento individual de menores ni permite establecer cuántos estuvieron expuestos directamente a la sustancia.
La investigación no recogió información suficiente para determinar si los padres consumían cannabis delante de sus hijos, si lo hacían fuera del hogar o si estaban bajo sus efectos mientras cuidaban a los menores. Tampoco estableció qué medidas adoptaban las familias para evitar la exposición al humo o el acceso infantil a los productos.
Por eso, los autores plantearon la necesidad de profundizar en la relación entre la frecuencia de consumo y las condiciones de convivencia. La cifra identifica la dimensión potencial del fenómeno, pero no demuestra que los niños afectados hayan sufrido consecuencias para su salud o desarrollo.
Qué grupos de padres registraron los mayores aumentos
El crecimiento del consumo frecuente se observó en casi todos los grupos sociodemográficos incluidos en el análisis. Los investigadores estudiaron diferencias por edad, sexo, ingresos, nivel educativo, estado civil y grupo racial o étnico.
Los aumentos más pronunciados se registraron entre padres de 18 a 25 años, personas no casadas, adultos con ingresos anuales más bajos y quienes no habían completado una carrera universitaria de cuatro años. También se identificaron incrementos en otros grupos, aunque la magnitud varió según sus características.
Estos resultados describen diferencias estadísticas y no establecen que la edad, la situación económica o el nivel educativo sean causas directas del consumo. La investigación tampoco concluyó que todos los integrantes de esos grupos presentaran el mismo patrón de comportamiento.
La definición de padres utilizada en el estudio incluyó a personas que convivían con hijos biológicos, adoptivos o de acogida menores de 18 años. Por lo tanto, los resultados no representan necesariamente a quienes tienen hijos, pero viven separados de ellos.
El consumo diario de cannabis fue cuatro veces más frecuente que el de alcohol
En 2024, el 5,2% de los padres convivientes declaró consumir cannabis todos los días, frente al 1,3% que informó consumo diario de alcohol. La diferencia indica que el uso cotidiano de cannabis fue cuatro veces más frecuente que el de alcohol en esta población.
Esta comparación se refiere exclusivamente a la frecuencia de consumo. No significa que las dos sustancias tengan los mismos efectos, riesgos o consecuencias, ni permite establecer una equivalencia entre sus patrones de uso.
Los investigadores también examinaron los trastornos por consumo de ambas sustancias. En el caso del cannabis, el porcentaje de padres que cumplió los criterios diagnósticos pasó de 4,4% en 2020 a 6,7% en 2024. El indicador comenzó a medirse con la metodología utilizada en el estudio a partir de 2020.
En el mismo período, la prevalencia del trastorno por consumo de alcohol descendió de 11% a 10,2%. Aunque la diferencia entre ambos indicadores se redujo, el trastorno relacionado con el alcohol continuó siendo más frecuente.
El trastorno por consumo de cannabis se evaluó mediante los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición. Esta medición no equivale a la frecuencia de uso: una persona puede consumir cannabis con regularidad sin cumplir necesariamente los criterios diagnósticos de un trastorno.
Cómo se realizó el estudio sobre consumo de cannabis en Estados Unidos
El trabajo utilizó datos de la Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud, un relevamiento anual de la población civil no institucionalizada de Estados Unidos a partir de los 12 años. La base permite estudiar patrones de consumo de sustancias y trastornos asociados en distintos segmentos de la población.
Los investigadores analizaron 481.858 respuestas recogidas entre 2012 y 2024. De ese total, 169.926 correspondieron a padres que vivían con menores y 311.932 a personas que no convivían con hijos menores.
La investigación fue realizada por especialistas de la Universidad de California en San Diego y publicada en Addictive Behaviors. Su diseño permitió comparar tendencias durante varios años y examinar diferencias entre grupos demográficos, pero no establecer relaciones causales entre el consumo y sus posibles consecuencias familiares.
Una de las principales limitaciones es que los datos sobre uso de cannabis y alcohol proceden de declaraciones de los propios participantes. Las respuestas pueden estar afectadas por errores de memoria o por la reticencia a informar determinadas conductas.
Además, la encuesta no permitió determinar con precisión la cantidad de cannabis consumida, el momento del consumo, las circunstancias en que se produjo ni las responsabilidades de cuidado que tenía cada adulto. Tampoco evaluó los efectos del consumo parental sobre la salud o el desarrollo de los menores.
Los autores concluyeron que el aumento del uso frecuente y de los trastornos asociados justifica nuevas investigaciones. Entre los aspectos pendientes figuran las condiciones de consumo en el hogar, las prácticas para evitar la exposición infantil y la posible relación entre estos factores y los resultados de salud y desarrollo de niños y adolescentes.









