La decisión de Abelardo de la Espriella de dar comienzo a una contrarrevolución cultural durante su primera visita institucional al Ministerio de Cultura, encabezado por la ministra Paola Holguín, y cuyos detalles reveló en un discurso que pronunció el jueves 15 de octubre, un día antes de que se armara la controversia por el retiro de cerca de 50 piezas y obras de tres salas de exposición del Museo Nacional, en Bogotá, provocó el pronunciamiento por parte del Departamento de Historia y Geografía de la Universidad de los Andes.
Por medio de un comunicado emitido el jueves 21 de octubre, la dependencia del instituto de educación superior rechazó el retiro de los elementos del recinto, y mostró “su preocupación por las declaraciones del presidente de la República y la ministra de Cultura y Patrimonio en torno a una supuesta «batalla cultural»“, al referirse también a Paola Holguín.
De acuerdo con el documento por parte del departamento de la reconocida universidad, “estos planteamientos son irresponsables”, debido a que “reducen discusiones históricas y culturales complejas a términos superficiales de confrontación política, prescinden del rigor que exigen y desestiman la pluralidad de perspectivas necesarias para abordarlas, a través de actos de censura”.
Desde la dependencia académica de Los Andes se reconoció que “los museos son espacios de disputa, atravesados por silencios, exclusiones y decisiones sobre las formas de representar el pasado, que construyen narraciones sobre el presente”.
Y es justo por lo anterior que, detalla el comunicado, estos espacios “deben ser objeto de crítica, investigación y revisión permanente”.
No obstante, desde el Departamento de Historia y Geografía de la Universidad de los Andes se puntualizó que reconocer las limitaciones en los museos “no justifica que el poder gubernamental decida qué se expone, qué discursos circulan o qué expresiones artísticas encuentran lugar en las instituciones públicas”.
Por todo lo anterior, la dependencia académica le exigió al presidente de la República que “respete la autonomía de las instituciones culturales y se abstenga de intervenir en las decisiones curatoriales del Museo Nacional”.
De igual forma, el llamado también se extendió “al Congreso de la República para que apunte la legislación en dirección a fortalecer las garantías que protegen la autonomía”, añade el comunicado.
Sobre las cerca de 50 obras y piezas que se removieron de las salas, el departamento de Los Andes expresaron su inquietud “aún más porque responde al avance de una tendencia anti-intelectual que cuestiona la legitimidad del conocimiento especializado, desestima la investigación rigurosa y presenta visiones unívocas que empobrecen el debate público y debilitan las condiciones necesarias para una sociedad democrática”.
Al final, desde la dependencia se reafirmó el “compromiso con las discusiones públicas sobre historia y cultura, con la complejidad del debate, con el rigor académico y con la defensa de la autonomía intelectual”.
“El Museo Nacional pertenece a la ciudadanía y, en ese sentido, asumimos la responsabilidad de mantenernos críticos, procurando siempre actuar en defensa de la disciplina histórica, sin presentarnos neutrales ni pasivos ante el poder”, concluyó el documento.











